Volveré a casa, pero sólo por navidad

Ella era una chica de barrio, sencilla y sin mucho que perder. O quizás tenía más que perder de lo que ella creía.

 

Un día decidió iniciarse en una aventura que le cambiaría la vida. Hasta entonces no se daba cuenta porque era una chica alocada, pasota y apenas tenía una pizca de madurez. Poco a poco se fue dando cuenta de la vida que había dejado atrás. Decidió irse a vivir fuera, cruzar el charco y cambiar de aires. Buscaría trabajo, aprendería otro idioma y conviviría con gente extraña.

 

Siempre que discutía con su madre le dejaba frases de la talla: “Ojalá me independice pronto”, “Qué ganas tengo de perderte de vista”. Nunca más volvió a decir estas frases, sino que les dio la vuelta para decir todo lo contrario a partir de echar de menos a los suyos.

 

Estando fuera se dio cuenta que era más dependiente que independiente. Dependía de los abrazos, de los golpes de realidad y de sentirse protegida. Dependía de todo eso que sólo los suyos podían darle. Las noches llorando se convertían en la peor rutina que puede haber, pero no podía rendirse. Había que seguir sufriendo y arriesgando, se había ido en busca de una nueva vida y ahora que tenía casi todo lo que reclamaba no podía rendirse. Buscaba despejar su mente cuando estaba fuera del trabajo: Leía, iba a clases de baile, escribía, veía infinidad de series e intentaba quedar siempre con gente para no sentirse tan sola.

 

De repente llegó la navidad y emprendió el vuelo al otro lado del charco. Su familia y amigos la esperaban en el aeropuerto con una pancarta y regalos, a lo grande. No era muy de recibir regalos, pero siempre agradecía que se acordasen de ella. No podía parar de llorar cuando vio todo al llegar. En sólo unos instantes recuperó todos los abrazos que había perdido durante el tiempo que había estado fuera, le compensaba haberlo estado con ese recibimiento. Volvía a casa cómo el turrón, la sidra, el cava o los polvorones. Pero sólo por navidad.

 

Pocos días después volvería a su nueva vida, de donde prefería no haber salido. No le gustaban las despedidas y se había vuelto a poner triste en su vuelta, lo que duraría semanas o incluso meses. Pensaba en lo fácil que era volver y en lo difícil que era volver a irse. Pensaba que más que energía, las navidades le habían dado más ganas de quedarse en la casa de donde tampoco debió salir desde un primer momento. Volvía a la rutina, el estrés y las prisas de su no tan cómoda vida.

 

No le quedaba otra que asumir que esa vida es la que ella había elegido y la marcha atrás no era posible. No quedaba otra que empezar a mentalizarse de que viviría tal cual el resto de sus días. No le quedaba otra que llorar, echar de menos y recordar.

 

 

 

 

Dedicado a todos aquellos que volverán a casa por navidad pero que el resto del año lo sobrellevan como pueden lejos de los suyos.

A todos aquellos que alguna navidad no han podido estar con los suyos.

Para todos esos luchadores que se buscan la vida fuera de casa por culpa de los que mandan en nuestro país.

Por todos aquellos que ya nunca más podrán volver por navidad.

Sed felices y disfrutad mucho de los pequeños momentos.

 

 

 

 

 

“Abracemos la navidad, abracemos” -S.F

 

 

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Algunos prefieren disfrutar por encima de todo el mundo, yo prefiero que disfruten los demás.

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