Los Tulipanes de oro

Hoy os traemos una nueva sección, ‘Econo-tuya’ que pertenecerá únicamente a mi amigo Abraham y la llevará como le de la gana. Un día me propuso colaborar con una sección de Economía y yo no sabía hasta que punto podría ser buena idea. Pensaba que no encajaría, hasta que me dijo: “Sht, para el carro, lee este artículo”. Me hizo reír, estar enganchado y aprender. Me flipó. Entonces empezamos a preparar todo para dejarlo listo. Este fue el artículo que me envió, juzgad vosotros, pero yo no puedo dejar de reírme.

¡Aquí también se aprenden cosas!

————————————————-COMENZAMOS—————————————————-

Imaginemos por un momento que hoy es San Valentín, os acercáis a la floristería de vuestro pueblo para comprar una rosa a vuestra pareja, porque la queréis mucho, o porque lleváis un mes sin mojar el churro y estáis desesperados. La tendera os atiende amablemente:

-“¿Qué desea?” Te preguntaría con una sonrisa.

-“Esta rosa.” Le contestarías devolviendo la sonrisa, pensando que has ligado, pero no.

-“Muy bonita, son 15.000 euros.” Se viene infarto.

-“¿¡WTF!?” Un poco de agua, amable tendera, que me está empezando a doler el pecho.

 

Pues esto es lo que ocurrió en Holanda con los tulipanes a finales del siglo XVII (17, para los más espabilados de la casa). Lo que sucedió es que en 1557 llegaron los primeros bulbos (semillas, no el Hobbit) de tulipán a Holanda, procedentes de Turquía, donde por cierto se considera una planta sagrada. La casualidad hizo que el terreno holandés fuera óptimo para la plantación de esta, y en los años siguientes empezaron a surgir una barbaridad de tipos de tulipán, de diferentes colores, tamaños, etc. La planta empezó a asentarse como un símbolo de la alta clase holandesa, y en poco tiempo todo el mundo quería tener una. Como vemos, gilipollas han existido durante toda la historia.

Curiosamente, el proceso por el que las plantas cambiaban de color aleatoriamente, era un secreto desconocido para los agricultores, que intentaban dar con la clave, pero no pudieron, aunque hoy sabemos que este proceso lo provocaba un virus inoculado por un pulgón enorme. Y el precio del tulipán cambiaba en función del color, ya que unos estaban más cotizados que otros. De esta forma el precio de la flor comenzó a subir paulatinamente, ya que era un mercado seguro, nadie podía perder (lol xd). El récord de precio lo consiguió el tulipán Semper Augustus, que fue intercambiado por una mansión en pleno centro de Amsterdam. El chiste se cuenta sólo.

Era un mercado sin sentido, todo el mundo quería tulipanes, hasta el punto en que llego a cotizar en bolsa. Lo que sucede con esta flor es que desde su cultivo hasta que florece, pueden pasar 7 años, y claro, era una inversión de “futuros”. ¿Y qué cojones es eso? Se preguntará la gente sin nociones de bolsa. Pues básicamente consiste en invertir en un producto que no existe, esperando que salga bien, rezando a la Virgen de Guadalupe o al Señor de Luz. Lo más parecido a una estafa piramidal de anormales vende-humos, que en épocas de crisis florecen como la mala hierba. Y sucedió lo inevitable, estalló la burbuja.

Todo el mundo se quería deshacer de los bulbos de tulipán, provocando numerosas bancarrotas y el pánico en todo el país. La gran cantidad de contratos que no podían hacerse frente y la falta de garantías de este extraño mercado financiero llevaron a la economía holandesa a la quiebra.

Como resumen y opinión personal, creo que lo único que sucedió aquí es un ejemplo más de las excentricidades y caprichos de épocas pasadas, y aunque no lo parezca, sigue sucediendo, sobretodo en el ámbito del arte moderno, donde una lata llena de mierda llega a costar su peso en oro. Y como se puede ver, no me gusta el arte moderno, quizás porque no lo comprendo, quizás porque un óleo en blanco con cuatro pinceladas me parece una tomadura de pelo (para gustos los colores, nunca mejor dicho), aunque otro día hablaremos de este tema más explícitamente. Especuladores, burgueses, gente con pasta para enterrarnos a todos, caen en estas cosas, incluso pueden que algunas tengan rentabilidad, pero si la historia sirve para algo es para aprender y demostrar que un tonto con dinero es una gran fiesta, pero sobre todo, se puede asegurar que no durarán mucho tiempo juntos.

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Abraham Pérez González

Me gustan las castañas. A veces escribo cosas.

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