¿Y si desapareciera Google?

Vivimos en una sociedad con un grave problema, las tecnologías y el uso de todo lo ‘avanzado’. Entrecomillo esta palabra porque a mí no deja de parecerme sino un paso atrás para el mundo que todos nuestros problemas sean resueltos por una máquina.

Que sí, que todos hemos tirado alguna vez de Internet para hacer alguna receta apetecible (aunque nuestro resultado fuese una masacre comparado con el ejemplo) para sorprender a alguien. También hemos tirado de Internet miles de veces para consultar dudas que nos rondaban en la cabeza.¡Qué pena damos!

Me acuerdo de aquellos maravillosos años dónde el que tenía la enciclopedia más grande en los muebles polvorientos de su casa, era quien hacía el mejor trabajo de clase. O cuando tu madre le preguntaba a la abuela cómo hacer una receta que resultaba desconocida por completo y parecía creada con una pócima secreta. Ahí es cuando entraban en juego ‘Las recetas de la abuela’ y tu madre conseguía hacer un plato que nunca se parecía al original. Era como la marca blanca de un supermercado: Estaba bueno, pero aún le quedaban varios ingredientes que potenciar o añadir. Eso sí, te lo comías con un gusto tremendo y poco a poco ese plato fue cogiendo fuerza y superando al de la abuela: “La experiencia, hijo”. ¿Habría dado nuestra madre con el ingrediente secreto que la abuela siempre le ocultó o había puesto el suyo propio? Sea como fuere, esas cosas hacían piña (y no literalmente).

Imaginaos ahora una situación en el futuro en el que un niño tire de un tutorial de Youtube: “Hola queridos amigos aquí estamos un día más para aprender una receta bien chida”. Y así es como NO se hace una familia. Sin comunicación alguna, las cosas sólo pueden ir a peor. Ese es el auténtico problema de que nos estemos convirtiendo en auténticos esclavos de la tecnología. Lo peor no sé si es la esclavitud tecnológica o que la aceptemos sin hacer nada por ello. Los principales culpables de todo esto somos los adultos.

 

 

Os argumentaré unas pocas cosas con las que os daréis cuenta que sigilosamente se están apoderando de nosotros los ‘avances’:

 

    1. Si un día no nos funciona el GPS teniendo que ir a un sitio, nos volvemos locos. En carretera, recuerdo que hace años antes de viajar (cuando no sabía ni lo que era una autovía) consultaba junto a mi padre la guía Campsa para saber que rumbo había que tomar para que el trayecto fuese lo más corto y acertado posible. Recuerdo que él se apuntaba los desvíos y otros puntos de interés en un papel que llevaba en el salpicadero del coche. Yo, que he sido siempre muy curioso, preguntaba cosas e intentaba estar atento a los desvíos que me iba diciendo mi padre. Jugábamos a eso, él me decía un desvío que estaba cerca y yo intentaba encontrar el cartel del mismo. A veces el juego era nulo debido a que acababa durmiéndome, pero la intención es lo que cuenta.
    2. Si vamos a cenar por ahí, salimos con nuestros amigos o vamos a un concierto tenemos inconscientemente la necesidad de permanecer pegados al móvil. Que si le hago una fotito a lo que ceno por aquí, hablo con esta chica que me está tirando los trastos por allí, me meto al Instagram a ver si tengo un me gusta más en la foto de mi cena… e infinidad de gilipolleces creadas por la ‘dictadura tecnológica’ en la que vivimos. A mí personalmente cuando quedo con alguien me gusta no tocar el móvil, a menos que esté con alguien que no me aporte nada de nada, que me ha pasado. Hacerlo unos segundos bueno, pero hay veces que siento que me faltan al respeto cuando están más pendientes del ‘Whatsapp’ que de una ilusión que estoy transmitiéndoles, por ejemplo. Detesto los momentos en los que hablas a las personas y ellos te contestan mientras escriben con el móvil. Lo peor de todo es que te dicen: “Habla, si te estoy escuchando”, efectivamente, me están escuchando y de la información que les he dado, a menos que sean superdotados, captarán un 50%. Comprobado. También está el maravilloso momento de ir a un concierto y perdértelo por querer grabarlo todo. ¿De qué nos sirve grabarlo si al día siguiente va a haber mil vídeos en Youtube? ¡Disfrutémoslo, coño!
    3. Los Ebook también se han apoderado de nosotros. Leer ha pasado desde nuestros abuelos que se chupaban la punta del dedo pulgar para pasar página en el periódico, a nosotros, que con deslizar el dedo hacia un lado pasamos página. ¿Acaso los Ebook huelen? Puede ser que sí, puede ser que al chocolate que se te quedó en los dedos y por no limpiártelos bien se ha traspasado al libro electrónico. No hay nada como el olor a libro nuevo. Esto no puedo criticarlo mucho más puesto que leer es importante, así que lean como quieran, los románticos seremos siempre más de papel.
    4. Hace años cuando querías salir por ahí con un amigo ibas directamente a llamarle a su casa: “¿Está fulanito?”. Era una aventura, no sabías que miembro de su casa iba a salir a recibirte. Además, el día que uno estaba malo te sorprendías. No solía ser muy común (porque no había que ir a la escuela, si no ya era otro cantar). Hoy en día con un: “Una cerveza y pa’ casa” (aunque sepas que luego van a volar unas 400) es suficiente.
    5. Con estos amigos que ibas a llamar salías al parque a jugar. Canicas, peonza, escondite, ‘Polis y cacos’, y diversos juegos que les cuentas a las generaciones de ahora y se creen que es una película. Ahora nacen pegados al móvil, ordenador, tablet… Me apena terriblemente ver los parques casi desiertos (Digo casi porque lo salvan 2 o 3 adolescentes fumando sustancias ilegales, lo que me apena más).
    6. Hablemos del flirteo de antes y de ahora. El de antes era más bonito porque quedabas con alguien a la salida del instituto, a través de una carta o qué sé yo. Ibas a la cita nervioso porque seguramente era alguien que te gustaba y tenías ese dolor de tripa tan bonito. Los de ahora son tal que así por las redes sociales o Whatsapp: -“ola wapa kedamo   +bale a ke ora    -a las dies en mi kasa +bente tu a la mia ke no ai nadie i te puedo tokar la kolita jijijjijijjiji”. Y la película ganadora del Óscar es para… “Desvirgados a los 11”. Y así es como las relaciones, las cuales antes eran para toda la vida, ahora duran menos que una bellota en la boca de un cerdo.
    7. Además hace años que se está perdiendo la bonita costumbre de llamar a nuestros familiares por su cumpleaños. Con un “Felicidades (adjunta nombre del familiar o puesto en el árbol genealógico)” se soluciona ahora. No me gusta eso, y os lo dice uno que odia hablar por teléfono, pero me jode que sea así. Como canta Melendi: “Mi teléfono no suena, supongo que eres tú”

 

 

LOS DATOS

Unos estudios que realizó en España Programa Desconecta a través de un instituto psicológico con expertos en adicción a las nuevas tecnologías, recogió que el 77% de las personas que tienen un móvil de última generación padecen nomofobia (miedo irracional a salir de casa sin el teléfono móvil).

 

Además recogió otros datos que podrían servirnos para hacernos una idea de lo que significa ‘la dictadura tecnológica’:

  • Adolescentes adictos a las redes sociales: Un 21,3% en España, según un informe del Programa Desconecta.
  • Niños de 10 a 14 años: El 31% dice que no puede estar sin móvil. Además los niños comprendidos entre estas edades consultan su móvil cada 15 minutos. Un 6% mira el teléfono 450 veces al día.
  • Adolescentes de 15 a 17 años: El 95% tienen móvil con conexión a internet. Las chicas de esta edad lo miran más, la mitad de ellas, cada cinco minutos. Además el 11% ha enviado imágenes de contenido sexual.
  • Jóvenes de 18 a 24 años: El 25% de la gente de esta edad reconoce haber enviado mensajes de contenido sexual propio a través del teléfono.
  • Adultos de 46 a 60 años: El 65% duermen con el móvil encendido.
  • ¿Cuánto influyen las redes sociales en los menores? El CIS incluyó esta pregunta en su informe de marzo. Casi el 70% de los encuestados aseguraban que la información que los chavales reciben por internet, WhatsApp… tiene más influencia que lo que le dicen sus padres.
  • ¿A qué edad hay que comprarles un móvil? La encuesta del CIS refleja que la mayoría de la gente (un 58,9%) cree que la edad más apropiada para tener el primer móvil es entre los 12 y los 15 años. Sorprende que un 11,4% considera que es mejor comprarles un móvil entre los 6 y los 11 años.

 Datos vía: Diario Vasco

 

Creo que sobran las palabras por hoy, señores. Cada uno que saque sus conclusiones pero yo os diré las mías: Si desapareciera Google los niños (los mismos que no saben de que animal sale el jamón que comen) no sabrían buscarse la vida. Los adultos permitiendo que los niños nazcan prácticamente con el móvil en la mano, lo que hacemos no es sino convertirlos en unos inútiles que no tienen tiempo para crear. Cuando yo era pequeño (de edad) me entretenía garabateando una pizarra que tenía con la tiza. Ahora con las ‘apps’ que hay, no creo que se vendan muchas.

 

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El uso de las tecnologías me parece necesario, sí, pero llamadme antiguo si hay cosas que creo que no deberían ser tecnologizadas jamás porque pierden su encanto. Y después de haberme llamado antiguo, rectificad, porque quien escribe esto está escribiendo en la pantalla de un ordenador, con las redes sociales abiertas y el Whatsapp Web.

 

 “Somos presos de la ‘dictadura tecnológica’, esclavos del móvil y dueños del futuro de nuestros descendientes” -S.F.

 

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