¿Quién es?

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¿Qué hago aquí?

 

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Soy Marco… ¿Os acordáis aún de mí o me habéis olvidado? Ha pasado un mes desde que nací y no paran las visitas en casa. Mamá está un poco agobiada porque apenas descansa y el poco tiempo que tiene para ello, viene gente a vernos. Me siento un poco mal, pero no sé que hacer. Además, como tampoco sé expresarle lo que siento con palabras, tengo que llorar cuando me hago popó, cuando tengo hambre o cuando tengo sueño. Creo que estoy agravando más la situación, pero debéis entenderme.

 

El timbre de casa sonó. Julia estaba tan cansada que no le apeteció ni alzarse en la mirilla que le quedaba a unos cuántos centímetros por encima de la cabeza. Supuso que sería otra visita más a tener en cuenta. Abrió y entró un hombre desconocido corriendo sin ni si quiera preguntar al grito de “¡Cierra, cierra rápido!”. Julia estaba asustada y no entendía nada, pero le hizo caso. Se lamentó varias veces por no haber comprobado quien llamaba.

 

Estoy asustado. Sé que mamá también lo está. De repente hay un ruido ensordecedor en los alrededores de casa. Por lo que he escuchado a mamá hablando con las visitas que llegaban, esta es una zona bastante tranquila, lo que hace que tengamos más miedo. Además hay un extraño en casa. No puedo parar de llorar y mamá esta agobiada y apunto de unirse a mi llanto. No entiendo nada. No sé que está pasando…

 

Ese hombre desconocido escondía un niño dentro. También estaba asustado. La puerta de la casa de Julia parecía una tamborrada. Fuertes golpes se sucedían acompañados de amenazas. Un “te voy a matar” por aquí y otro “de ésta no sales vivo” por allí. El hombre se presentó a Julia, le pidió perdón y le explicó la situación.

Alejo, como así se llamaba, iba por la calle caminando sólo. De repente, vino un hombre hacia él para preguntarle por una calle cercana y cuando estaba dispuesto a darle las indicaciones adecuadas, le sacó una navaja y le pidió todo lo que llevaba encima. Él, sin saber como reaccionar ante estas situaciones, echó a correr desesperado y se metió por pequeñas callejuelas para intentar perder al ladrón. Al no conseguirlo y tras varios minutos de fuga, decidió optar al plan B. Llamó a una casa y rezó porque le abrieran a la primera. De lo contrario, correría peligro. Suerte que esa casa era la de Julia y las diferentes situaciones habían hecho que no dudase en abrir sin preguntar primero.

Alejo estaba haciendo más pucheritos que Marco, quien tenía el llanto más sosegado. Julia se tranquilizó. Parecía un buen hombre y su mirada era aparentemente limpia.

 

Ya estoy mucho más tranquilo. Los ruidos y los golpes han parado. El hombre desconocido habla tranquilamente ante los vaivenes de la mirada de mamá que no me quita ojo. De vez en cuando me hacen carantoñas y se ríen. Yo me río también y pongo caras feas que luego transformo en risas de nuevo. Y así sucesivamente. Es como un tic nervioso que no puedo cesar.

¡Cuidado, hombre desconocido! Deja de rodear la espalda a mamá con tus sucios brazos. Quiero toda la atención para mí… ¿Me entiendes? Voy a llorar, necesito carantoñas.

 

Ante el nerviosismo de Alejo, Julia lo abrazó para tranquilizarlo. Éste no pudo evitar el llanto. Había sido una situación muy tensa que nunca antes había vivido y ahora estaba soltando toda esa tensión. De repente, Marco empezó a llorar. Le duró poco. Cuatro carantoñas de su mamá y, entonces, relajados, rieron todos a carcajadas.

Más tarde, Alejo se despidió de Julia y prometió volver a pasarse por casa. Le había salvado la vida al fin y al cabo. Los agradecimientos no cesaban y la mamá de Marco le empujaba ruborizada hacia la puerta. Para ella había sido un placer conocer a alguien como Alejo y descubrir un niño interno que, al fin y al cabo, todos guardamos pero no todos somos capaces de sacar.

 

El hombre desconocido ya se va. Así me gusta. Capitán Marco ha vuelto a ganar otra batalla más. Mamá es solo mía y no la comparto. Voy a volver a llorar que está tardando mucho en darme atención de nuevo y además tengo hambre y sueño. A ver si cuela.

 

El bebé reclamaba otra vez la atención de su mamá y ella se la dio, por supuesto. Cerró la puerta y así el recuerdo de una persona que le había provocado multitud de sensaciones y de la que posiblemente no volviese a saber nada. Un “nos vemos pronto” sería suficiente para despedirse de aquel desconocido, aunque ahora, algo menos.

 

6 meses después…

¡Ey, ey, ey! Tengo noticias frescas… ¿Os acordáis de aquel desconocido raro que vino a casa un día sin avisar y que me robó un valioso tiempo con mamá? Pues acaba de entrar a casa. Son las ocho de la tarde y no voy a tardar en tener ganas de comer. No digo nada y os lo digo todo. Yo de momento voy a estorbar un poco con el tacataca dándole un par de empujoncitos en la rodilla a toda velocidad.

 

Julia soltó una carcajada. Su bebé acababa de aterrizar contra la pierna de Alejo que acababa de sentarse en el sofá. Comentaban la suerte de que el niño no tuviese la habilidad como para ir demasiado rápido, si no, el dolor podría haber sido importante. Julia y Alejo se ponían al día de todo este tiempo que había pasado desde la primera y última vez sin verse.

Julia le contaba a aquel aún, desconocido, que Marco era gloria. Se portaba estupendamente y llevaba unos meses dejándola dormir bastante bien. Tenía mejor cara. También le contaba que tenía ganas de volver al trabajo aunque eso conllevase una separación momentánea de Marco. Necesitaba volver otra vez a la antigüa rutina.

 

Bueno, bueno, bueno. Están despertando a la bestia, voy a tener que volver a actuar. ¿Quién se piensa este tipo que es para robarme la atención de mi madre? Espero que no tarde mucho más, porque si no, esta vez pienso coger carrerilla. Nadie pilota mejor que Marco, recordad eso.

 

Alejo le contaba a Julia que se acababa de comprar un coche nuevo y que estaba preparando los planos para la casa que siempre había soñado. Era arquitecto e iba a auto-diseñarse lo que siempre había deseado. ¿Quién mejor que él para saber lo que mejor le encaja?

Siguieron hablando hasta que Marco decidió hacer su aparición estelar.

 

¡Alla vooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooy! Chúpate esa mindundi, que estás tardando mucho. Devuélveme a mi madre, que me la has robao’. 

 

Julia, ante el nuevo choque de Marco con la rodilla de Alejo, decidió dejarlo en el suelo. Marco se dedicó a gatear, a arrastrarse con la pancita por el suelo y a pellizcarle a aquel hombre desconocido los pelos de la pierna. Los dos adultos siguieron hablando entre llantos y travesuras del pequeño como buenamente podían.

 

Se hizo muy tarde y Julia propuso, al cada vez menos desconocido, quedarse a dormir en casa. No quería que se repitiese lo de la primera vez que se conocieron. Y menos, de noche.

 

 

 

Se miraban como si cupido hubiese hecho acto de presencia…

 

Siguiente capítulo:

Un desayuno cortado

 

 

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