Un desayuno cortado

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¡Hola chicos! Ha vuelto Marco el mejor piloto de la historia para seguiros llevando de copilotos en mi vida. Anoche mamá le preguntó al panoli este si se quería quedar en casa a dormir y… ¿A que no os imagináis lo que ha pasado?

¡Pues sí, se ha quedado a dormir! ¿¡Tendrá jeta el tío!? Ha despertado a la bestia. O mejor dicho, la bestia no ha dormido en toda la noche por su culpa. A mí es que cuando viene alguien a casa me altera la tranquilidad.

Me he pasado toda la noche vigilándolos y no paraban de mirarse hasta quedarse dormidos. En mitad de la noche mamá abrazó a ese hombre que seguía durmiendo como si lo estuviese haciendo yo.

 

Alejo había pasado la noche en casa y fue quien despertó primero. Estaba Julia abrazada a él con los dos brazos, asique sonrió, intentó no hacer movimientos bruscos para no despertarla y la rodeó el cuello con el brazo que quedaba más cercano a ella.

 

¡Oye tú, te dije un día que no tocaras a mamá con tus brazos mugrientos! ¡Voy a llorar de inmediato para que te separes! O por las buenas, o por las malas… Nadie subestima el poder de Marco.

 

Marco entró en un llanto desconsolado que reclamaba a su madre. Tenía entre hambre y sueño. Julia abrió los ojos y se encontró que estaba rodeando a Alejo con los brazos. Los quitó inmediatamente avergonzada por ello y le pidió perdón. Él volvió a sonreír y, con un beso en la frente, le deseó los buenos días. Julia se levantó de la cama, cogió a su pequeño en brazos y se acomodó para darle el pecho mientras Alejo apartaba la mirada pudoroso por la situación.

Después bañaron a Marco, lo vistieron de gala, se vistieron ellos y decidieron salir a pasar el día. Primero había que pasar a desayunar a algún bar, asique eligieron el que había a la vuelta de la esquina de casa de Julia.

Se sentaron y esperaron la carta de los desayunos que, al parecer, eran la especialidad de ese bar. Mientras, los adultos se seguían conociendo ante la atenta mirada del bebé…

 

Lo que hay que aguantar con estas edades. Parezco una marioneta que ni siquiera se sujeta cuando la sostienen. ¿Alguien me ha preguntado si quería salir de paseo? Absolutamente nadie. Y por si os preguntáis la respuesta, es NO. Aquí estoy de sujetavelas con dos adultos con alma adolescente que no hacen más que mirarse como si se estuvieran retando a ver cual de los dos tiene la mirada más moñas.

Aquí viene el camarero con la carta. Ojalá el hombre desconocido se pida un café con irse a la porra, que no con porras. A ver si nos deja ya tranquilos a mamá y a mí. Perdonadme, mis pensamientos están siendo un poco maleducados pero tengo un poco de angustia porque mamá está demasiado pendiente de él. ¡Será posible!

 

El camarero les trajo la carta de los desayunos con unas fotos de los mismos súper apetecibles. Las típicas fotos modelo que te decepcionan al recibir lo que pides; Como las de las hamburguesas o las pizzas que nos anuncian en la televisión.

Alejo se quedó con la mosca detrás de la oreja. La voz, la cara y hasta los aspavientos que hizo el camarero al llegar a la mesa, le resultaban familiares. Julia empezó a notarle inquieto, pero él no medió palabra. No paraba de intentar acomodarse en la silla continuamente. Cruzaba la pierna derecha sobre la izquierda cinco segundos, para cambiar la izquierda sobre la derecha. De vez en cuando, una de esas piernas parecía poseída por la música hardstyle.

 

Pues oye… la verdad es que no veo al hombrecillo este muy convencido de querer quedarse en este bar. ¿Nos vamos ya? ¿Y ahora? ¿Y ahora? ¿Y si lloro? ¿Y si además de eso pataleo? Tengo ganas de irme de aquí, que encima me estoy ahogando con el humo del puro de ese señor que está en la mesa de al lado.

 

Alejo no estaba muy por la labor de quedarse a desayunar ahí. Se le había quitado todo el hambre de golpe. Había sentido un escalofrío que le recorría todo el cuerpo cuando su sexto sentido detectaba algo extraño y eso no le gustaba porque, además, desconocía que era exactamente lo que le inquietaba tanto.

Si a esto le sumamos que el pequeño se pilló literalmente una pataleta, el bar las tenía todas para perder dos clientes que nunca escatiman cuando van a algún sitio.

Justo cuando Alejo iba a decirle a Julia su deseo de levantarse e irse, al menos a otro sitio, llegó el camarero con su “¿Qué desean tomar?”. Un “nada, ya nos íbamos” fue suficiente para descolocar al camarero y a Julia a la vez, y para conseguir que Marco se calmase como si lo hubiese entendido y estuviera deseando irse de aquel lugar.

Alejo se levantó, Julia hizo lo propio y el camarero se acercó a Marco para cogerle los mofletes en señal de cariño. No hubo un cordial adiós ni tampoco una mirada cómplice con aquel trabajador que sólo intentaba ser hospitalario.

 

¿Ya os había dicho que Marco siempre gana sus batallas o lo acabáis de descubrir? Así es, otra batalla ganada. Estoy empezando a dejar en evidencia a Rodrigo Díaz de Vivar “El Cid”. Lo que no sé es donde iremos ahora. No os niego que hay veces que es peor el remedio que la enfermedad y todo puede pasar, pero a juzgar por el rostro del hombre que se acerca demasiado a mamá, no creo que dure mucho la ‘fiesta’. Está como si lo que pasase ahora mismo en la vida no fuese con él. 

 

Julia había intentado sonsacar el por qué de esa huida repentina sin ni siquiera llenar el estómago, pero sólo había encontrado silencio. Alejo estaba ausente, cabizbajo y con la mirada clavada en el suelo. No hablaba, no era capaz. Es como si alguien, de repente, se lo hubiese impedido. Julia lo miraba apenada porque sabía que algo no iba bien, pero quizás no era el momento de intentar entender el por qué, sino de empatizar con su ausencia.

De repente, Alejo echó a correr sin mediar palabra y Julia decidió no hacer lo mismo por el bienestar de su hijo y del carrito que tantas veces calmaba su llanto.

 

Este hombre es muy raro, que os lo digo yo. Acaba de echar a correr y la cara de mamá es un poema. No sé si la está intentando hacer reír, si ha ido a por un regalo para ella o lo ha hecho para sorprenderme a mí, que espero que sea eso. Bueno, descartemos todas las opciones, la cara de mamá no es de alguien que espera un regalo. Aún así… ¡Qué tío más raro! ¿Quién echa a correr sin motivo alguno? ¡Sólo alguien raro! Eso sí, espero que no vuelva, porque me duelen los dientes y, de hacerlo, va a conocer al verdadero Drácula.

 

Pasaron unos meses y Julia seguía teniendo la mosca detrás de la oreja con lo de Alejo. No entendía nada. Nunca había vivido una situación tan surrealista. Al salir corriendo aquel día y con el impulso que la velocidad le dio a su bolsillo de la camisa, a Alejo se le cayó una foto suya al suelo. Julia la cogió y desde entonces la miraba buscando una explicación a todo eso. Al menos, teniendo pruebas gráficas de su rostro, podría ir en su búsqueda. Quizás podría preguntar a la gente de la zona a ver si sabían de él.

Mientras Julia miraba la foto, Marc, que estaba a su lado, le pellizcaba el brazo como intentando curiosear sobre lo que veía su madre. Entonces, le enseñó la foto al pequeño.

 

“¡Papá!” Un momento… ¿Acabo de llamar papá a este panoli que estoy viendo en la foto? Si fuese mi padre ya habría conseguido hacerle papilla con el tacataca. Pero… ¿Por qué acabo de decir eso? Es un poco triste que se me haya escapado mi primera palabra con el ‘robamadres’. A ver… la verdad es que no es nada feo, pero yo soy más guapo que él, asique descartamos que nunca pueda llegar a ser mi padre. No superaría nunca que todos los halagos estéticos me los llevase yo.

 

Julia se quedó helada. La primera palabra de Marco era hacia Alejo. Le acababa de llamar papá. Lo que si era cierto es que había una similitud entre el padre de Marco y Alejo. Ambos la habían abandonado sin ninguna explicación.

Según iban avanzando los meses Marco empezaba a dar sus primeros pasitos, no se despegaba de la teta de mamá y chapurreaba frases sin conjugar. Mientras, Julia seguía dándole vueltas y buscando por qués a su mala suerte con todas las personas que parece que valen la pena.

Ella estaba convencida de que lo único que no le quitaría la vida sería esa bolita regordita que iba creciendo más rápido de lo esperado. La misma que sonreía y lloraba a partes iguales según tuviera el día…

 

 

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