17-A

Eran las seis de la tarde aproximadamente cuando, mientras trabajaba, me enteré de esta última (que no primera, y seguramente, penúltima y retrocediendo) barbarie que se producía una hora antes aproximadamente.

 

“Atentado en Las Ramblas” -me decían- “hay muchísima gente tirada por el suelo sangrando…”.

Se me encogía el corazón una vez más de tantas. Como aquella fatídica noche de la Sala Bataclán en París el 13 de noviembre de 2015 en la que apenas pude pegar ojo.

-“De momento dicen que van trece muertos”.

Y yo suspiraba. La cara de mi compañero mientras me lo contaba era de Póker, aunque se le daba bastante bien aparentar la serenidad que no tenía. Algunos venían a curiosear la noticia y las caras de sorpresa y desconcierto se daban al compás. El primer pensamiento fue egoísta. Pensaba en mi gente de Barcelona y alrededores que infinidad de veces pasean por La Rambla. Pero algo dentro de mí me decía que debía estar tranquilo, que aún no me había tocado alejarme de ninguno de ellos.

 

Era mucha incertidumbre, pero había que seguir dando el ‘callo’. Así que me centré en mis responsabilidades a pesar de que me costó más de lo normal. Nada más terapéutico que tener un trabajo en el que jamás te aburres para desconectar.

“Me acaban de pasar un vídeo de un montón de gente atropellada sangrando”– decía esta vez una compañera.

Nada, que no era el día para desconectar de algo.

“Me lo han pasado por un grupo y han dicho que no lo compartamos por respeto a las familias”.

No me cuadraba. Lo pasan por puro morbo y dicen que no se pase más (como si se fuese a obedecer) por respeto a las familias. Claro que sí, guapi.

En cuanto salí del curro, tenía en tres grupos distintos, vídeos de todo aquello. Los vi, no os voy a engañar, me interesaba darme de bruces con la realidad. Eso sí, apagué antes de ver el vídeo el sonido del reproductor por lo que pudiese oírse. No tuve huevos.

 

Aún así, me daba mucha rabia. Me daba tanta rabia como esos vídeos que rulan por ahí de animales siendo despellejados y barbaridades varias. Me daba rabia porque esos vídeos que yo estaba viendo eran grabados por psicópatas que preferían ocupar la memoria de su teléfono y pasarlos a sus amigos para que le preguntasen trescientas veces si estaban bien, en lugar de socorrer a quien realmente importaba ahí.

Creo que a toda España le llegó ese vídeo. Lo que hace el morbo, qué asco damos.

 

De camino a casa, hablé a mi gente más cercana de aquellos lares para, indirectamente, saber que estaban bien. No soy de esos que pregunta ‘a la yugular’ en este tipo de situaciones, prefiero iniciar algún tema de conversación y no alarmar a nadie. Al llegar puse las noticias y dejé la tele encendida mientras paseaba al perro. En cuanto éste hizo sus meaditas y caquita correspondientes, volví a casa y, al prestar atención a las noticias, suspiré por segunda vez en el día. Dentro de lo malo, la cifra de muertos no había aumentado, pero se presentaba una noche larga.

Cené pegado al televisor, como si por estar más pendiente fuese a convertirse todo en un sueño. Me quedé hasta tarde como la mayoría de las veces que las noticias quieren informarnos cuanto pasan este tipo de cosas, aunque siempre hay un canal que nunca defraudará; el 24 horas. Me angustiaba pensar como lo estarían pasando todas las familias implicadas, directa o indirectamente, en este suceso. Volvía a sentir rabia pensando en los desalmados capaces de cometer estas atrocidades llevándose por delante a gente sin culpa. Desalmados e infelices, por cierto. Pero no infieles, según ellos.

Verás tú las risas cuando se mueran y Alá les reciba:

“No sois infieles, hijos míos, lo que sois es gilipollas. Por cierto, no tengo el harén de mujeres que prometí para vosotros. A las mujeres no les gustan los hombres cobardes que atacan sin opción a réplica.”

Y se quedará más ancho que largo. Con razón.

 

Después apareció Mariano noniano en el televisor con sus ‘tics’ varios y dando unos ‘tips’ de mierda para combatir el terrorismo. Y digo de mierda porque siempre dicen lo mismo y nunca sirven para nada. Estaba a punto de irme a dormir, que había que madrugar y Mariano me aburría (como siempre), pero entonces volvió a liarse. Cambrils esta vez. Un tiroteo.

Estuve pendiente hasta que no aguanté más, pero prometí levantarme un rato antes de mi hora para seguir la noticia desde muy temprano. Así ha sido.

 

Me costó dormir más que levantarme.

Pensaba en la ciudad más bonita de España, en sus calles mágicas y en sus puntos turísticos principales. Pensaba en el punto donde empezó todo, Plaza Catalunya, y su imán para todas las palomas de la ciudad. O en los niños que corretean siempre felices por allí.

Pensaba en La Rambla, Les Rambles o Las Ramblas, según de exquisitos seáis; y en lo bonita que se pone para recibir el encanto y la cultura de Sant Jordi. Recordé el regalo más especial que hice nunca. Fue en ese mismo paseo, a mi hermana: Un libro y una rosa. Ya sabéis que es algo que se regalan personas como símbolo de amor y cariño.

Pensaba también en el mercado de la boquería y en ese color y olor tan apetitosos que te inundan al entrar. O en el Bosc de les fades, que es un lugar mágico. O en las vistas desde la estatua de Colón.

Pensaba en lo gracioso que me pareció Canaletas la primera vez que la vi. Estuve un día entero riéndome cada vez que me acordaba de la fuente donde el Barça celebraba los títulos. Pero sin duda, esto que acababa de pasar no me parecía nada gracioso.

Me inundaban los recuerdos, me inundaba la tristeza.

 

Mientras escribo todo esto, un nuevo atentado azota al mundo. Finlandia ha sido el ojo del huracán esta vez. Toca ponerse serios y trabajar para erradicar todo esto.

 

Barcelona, Madrid, España, Europa, mundo; debemos ser fuertes. Debemos saber organizarnos. No hay ningún miedo, los cobardes atacan siempre por la espalda. Pretenden, aterrorizarnos  pero por mi parte, no lo han conseguido. Me voy al centro de la capital de España a ver que se cuece por allí. Nada que temer.

 

 

Gracias a los Mossos d’esquadra por su impresionante actuación en el día de ayer; a todas las personas que acogieron a otras en sus casas; a quienes ayudaron, en vez de grabar, a mantener la calma; a quienes fueron a llevar agua y comida a las personas que estaban retenidas en los multitudinarios atascos que hubo. Gente así hacéis el mundo más humano, más limpio.

 

 

 

 

 

“Lo más importante intelectualmente hoy no es tanto comprender los motivos de los terroristas, sino los nuestros para resistirles sin emplear sus propias armas” -Fernando Savater

 

 

 

 

 

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Algunos prefieren disfrutar por encima de todo el mundo, yo prefiero que disfruten los demás.

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