Y Gran Hermano perdió su esencia…

Sí, habéis leído bien. Hoy vengo a hablaros de Gran Hermano como fan incondicional que soy.

 

-Tío… ¿No te da vergüenza ver eso?

+No, de hecho lo he visto desde la primera edición aunque tengo la sensación de que me salté algunas (por mi temprana edad, supongo).

-Bah, todos los que véis Gran Hermano sois unos incultos y unos paletos.

+Y todos los que pensáis así, unos neandertales. ¿Desde cuando se juzga el nivel cultural por las aficiones y gustos de cada uno? 

 

Y sí, señores, aún hay gente que detesta tanto este formato que a todos los que nos gusta nos ponen de vuelta y media. Denoto cierta rabia contra el programa con más éxito de la historia televisiva española. Lo dicen los números, no lo digo yo.

Pues bien, haters enfermos, de esto vengo hablaros hoy.

 

Allá por el año 2000 nacía un programa que me acabaría enganchando sin acabar de entenderlo muy bien, con 6 años. Un programa que rompía con la monotonía de la parrilla actual metiendo a diez concursantes de personalidades totalmente opuestas en una casa sin comunicación con el exterior. Además de esto, estarían vigilados 24 horas por cámaras y espectadores. Se presentaba como el primer reality consolidado del país (digo consolidado porque en 1948 hubo uno que se llamó  (“¿Quiere usted ser torero?”) y eso hacía que los concursantes fuesen totalmente inocentes y naturales a la hora de expresarse. La novedad siempre mantiene enganchado al espectador y eso hizo que Telecinco rompiera datos de audiencia.

De ese primer Gran Hermano me enganchó la cómica pareja de amigos que formaban Ismael Beiro e Ivan Armesto. El primero, que era mi favorito, finalmente acabó ganando el concurso y llorando de emoción tras tres meses y pico encerrado.

No os voy a engañar porque tengo lagunas sobre esa final, como es lógico, pero la emoción que tuve toda la gala os aseguro que la recuerdo como si hubiese sido ayer.

Lo que si recuerdo (quizá porque lo han repetido más a menudo) es la mítica frase de Jorge Berrocal: “¡¿Quién me pone la pierna encima para que no levante cabeza?!” 

 

Sea como sea y con la nostalgia que me invade, las cosas en este formato y en la televisión han cambiado y la mayor culpa de todo esto la tenemos los espectadores. Nos hemos hecho adictos al morbo, a lo políticamente incorrecto y a lo poco común. Ahora lo que vende son las discusiones por encima de la naturalidad. Y con esto quiero decir que si no diésemos audiencia a todas estas cosas, no las habría. Ojo, que soy el primero que lo hace.

Por eso ahora dudo del formato televisivo que más noches me ha tenido pegado a la tele.

 

Permitidme que dude de los ‘sorpasos’ que se dan desde hace dos o tres ediciones, gala sí,  gala también.

Permitidme que dude de la profesionalidad de un ‘notario’ que dicen tener para que no haya amaños, pero paradójicamente comprarán.

Permitidme que dude de que os interese la diversión del público, como se notaba en los inicios, antes que vuestro beneficio propio.

Permitidme también, directores de casting, que dude de vosotros y de vuestros castings de mierda metiendo a putos tarados de la cabeza que sólo quieren tener su minuto de gloria. La gente que piensa antes en ellos mismos que en un formato al que debe entregarse, no merece mis respetos.

 

Aunque os suene raro, yo siempre he dicho que si el programa no se emitiese en TV seguiría encantado (o más, por lo de poder hacer humor negro sin cámaras) de vivir la experiencia. Eso de estar incomunicado con el exterior y conviviendo con gente diversa tiene su aquel.

La gente está equivocadísima cuando entra al programa. Creen que serán recordados como Miguel de Cervantes, al que no le hizo falta salir en televisión pero tenía arte, y la realidad, es muy diferente. ¿Quién se acuerda de los concursantes de hace 5 ediciones? Los concursantes de Gran Hermano son conocidos durante un tiempo, pero no famosos. Yo los denomino… pseudofamosos.

 

Ahora sin Mercedes Milá que era la directora de la orquesta y que su ordinaria naturalidad subia audiencias, Gran Hermano está un nivel por debajo. La gente critica a Jorge Javier Vázquez como si él tuviese la culpa de algo.

Culpables quienes lo eligieron sabiendo que es alguien que está muy quemado en la casa. Lo mucho cansa y lo poco gusta, dicen. Alguien que sólo tiene palabrería y que no dice lo que siente por puro bienquedaísmo, no es digno de estar en Gran Hermano. Entrevistas a concursantes expulsados sin miga  e indirectos favoritismos a quien le cae bien. De traca.

Para mí, las dos personas dignas de sustituir a Mercedes Milá (me gusten más o menos) habrían sido Risto Mejide o Carlos Lozano. Lamentablemente para los amantes de este formato uno tiene que dedicarse a hacer programas empalagosos de mierda, y el otro pisar mierda para estar en un programa. Así de mal está la cosa.

 

Ojalá la revolución de GH 18, esté en darle un poco de vida al formato porque como la cosa siga así tiene los días contados. La prueba está en el bajón de ‘share’ que ha dado estos dos últimos años el programa. De ahí que se hayan tenido que reinventar poniendo el debate en el late night para mejorar datos de audiencia, modificando así, toda la parrilla del canal.

 

Nada más que añadir, señoría.

O bueno, sí, para los haters: Gran Hermano se ha emitido en más de 70 países del mundo. Seguid ladrando.

 

 

 

 

 

“Y Gran Hermano perdió su esencia. Y la televisión. Y la vida. Todo, menos la radio” -S.F

The following two tabs change content below.
Algunos prefieren disfrutar por encima de todo el mundo, yo prefiero que disfruten los demás.

Latest posts by Sergio Fajardo (see all)

1 Comment
  • Este año es un coñazo yo no lo estoy viendo, es la primera vez que paso de gh. La falta de Mercedes Mila se nota demasiado

    26/10/2017 at 17:30

Post a Comment