Carta a Diana Quer

Querida Diana:

 

 

La vida aún no está hecha para la gente que va por la vida sin miedo, pero sí para los que se aprovechan de eso. No está hecha para las chicas, por triste que sea, a según que horas. Pero, por desgracia, si está hecha para los babosos que tienen una vida sexual y personal tan triste que tienen que joder la vida a los demás. Ya lo decía Estopa: “Que mal repartido está el mundo desde el primer mes de enero”.

 

Te imagino después de una noche en la que has cenado con tus amig@s, te lo has pasado en grande, te has vestido como te ha dado la gana y decides volver a casa. Te despides de ell@s con un: “Mañana tomamos café”. Escribes a tu madre para avisarle, a la 1:21 de la madrugada, de que enseguida vuelves a casa.

Cuando estás a medio camino, te grita un baboso que intenta llamar tu atención pensando que vocear como un garrulo es una manera infalible de ligar. Aceleras el paso. El baboso lo acelera también. Decides escribir a tus amig@s, a las 2:43, diciendo que tienes miedo. Ellos no están pendientes del móvil y el baboso te alcanza, te agarra de un brazo y te lleva a su coche. Te intenta violar, te resistes, se pone furioso, te estrangula y te arroja en un pozo a sangre fría.

 

Me imagino a tu madre sin dormir cada día que te ibas de fiesta, esperando que llegaras. Me imagino pensando que te habrías quedado un poco más tiempo porque estarías pasándotelo bien. O, al ver que no llegabas, pensando que te habrías quedado en casa de alguna amiga a dormir y se te habría olvidado avisar porque eras joven (y eso siempre era buena defensa). Al llegar la tarde y sin saber nada de ti se pone en contacto con tus amig@s y nadie sabe nada de ti. Ella llama a la policía y comienza su calvario. Nunca más volverá a dormir igual, porque nunca llegarás.

 

Me imagino a tu padre después de varios días sin que aparecieses por casa. Por fuera aparentemente normal, tranquilizando a tu familia, pero roto por dentro. Me lo imagino metiéndose al aseo a llorar desconsoladamente y saliendo de él como si se hubiese quitado un peso de encima. Me lo imagino también deseando que todo fuese un sueño y que aparecieses por la puerta para darte el abrazo más sentido que nunca te había dado y para decirte el ‘te quiero’ que nunca te había dicho.

 

Me imagino a tus padres, que llevan toda la vida criándote para que antes de cumplir los 19, un malnacido sin escrúpulos que no está bien de la cabeza, te prive de la vida. Me los imagino con los pensamientos más asesinos, deseando encontrarse cara a cara con tu ejecutor. Me los imagino agonizando porque un día no muy lejano, andarán por la calle y tendrán la posibilidad de cruzarse con él. Y nadie vendrá a protegerlos.

Pero, querida Diana, me los imagino apoyándose, queriéndose más que nunca y besando tu foto de comunión todas las noches antes de dormir.

 

 

No te conocía, pero empatizo con tu familia y me pongo en su lugar, porque me podía haber tocado a mí sufrir lo que están sufriendo ellos.

 

Has sido tú, pero podía haber sido mi hermana, mi prima, mi mejor amiga, o la hija de ésta.
Has sido tú, pero diariamente son muchas las que sufren los indicios y que, si no paramos a tiempo, acabarán como tú.
‘Me consuela’, si es que hay algo que lo hace con esta situación, que tus padres podrán ‘descansar’ tranquilos sabiendo que ya no estás, que no hay que buscarte más. Como me consuela también que hay uno que nunca descansará tranquilo por más que quiera hacerlo. La gente no olvida, el pueblo es sabio.

 

Espero poder volverte a escribir un día y decirte que esto ya no pasa, que las chicas pueden andar tranquilas por la calle y los chicos no tenemos que ir esquivando situaciones incómodas.
Hasta entonces, cuida de los tuyos.

 

 

 

 

Nunca serás olvidada, siempre serás motivo de lucha.

Ni una menos.

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Algunos prefieren disfrutar por encima de todo el mundo, yo prefiero que disfruten los demás.

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