Zapatero, a tus zapatos

Mi nombre es Nicolás. Soy zapatero desde hace cuarenta y seis años.

Desde los 14 años empecé a aprender este oficio que me parecía tan simple pero que me ha acabado gustando tanto. Recuerdo como mi padre me llevó por primera vez a la zapatería de nuestro vecino a pedir trabajo para mí:

-¡Buenos días Manuel! Te traigo un muchachejo fresquito en el mercado laboral para que le hagas un hombre y le pongas las pilas, que está atontolinao’.

-Pero bueno Pedro, no le digas eso al chico que me lo vas a asustar antes de empezar…

-¿Eso es un sí?

-¡Por supuesto! Mañana mismo empezamos, así que muchacho, desayuna fuerte.

Y allí estaba yo al día siguiente, como un flan pero dispuesto a ser una esponja. Manuel me enseñó la verdadera profesión del zapatero y me inculcó su pasión por este mundo.

 

Él tenía la teoría de que un zapato bien cuidado podía ser para toda la vida y me dio un consejo que nunca olvidaré:

“Los zapatos son como las mujeres. Pueden ser para toda la vida, o no, según los cuides. Por eso acaricia cada zapato que cojas como si fuera la mujer con la que te vas a casar.”

 

Manuel había empezado desde adolescente también en la profesión y seguía en ella por amor al arte. Murió con 82 años con los zapatos puestos y entrelazando cordones. No literalmente, pero al menos se fue haciendo a diario lo que más le gustaba.

Tantas enseñanzas y energías positivas fueron las que me dejó Manuel de todo esto que al morir él, quise hacerle un homenaje. A los 20 años, decidí hacerme autónomo y desde entonces tengo mi propia empresa.

 

Conservo la única zapatería que queda en el barrio, pero no por mucho tiempo. Ya he puesto todos los artículos en liquidación, porque es imposible competir con los grandes almacenes.

Los grandes almacenes te venden unas zapatillas de deporte a 9 euros, mientras que yo tengo que venderlas a 25. La diferencia de todo esto es que la gente prefiere el menor coste a pagar un pelín más e ir más cómodos. Ante esto no puedo hacer nada, porque yo intento comprar todos los productos de calidad, y eso se paga. Sobre todo porque no compro al por mayor

 

Ya no queda gente romántica, sólo unos pocos ancianos de mi quinta que confían en mí porque son los de toda la vida y conocen quién soy y cómo trabajo.

La gente joven sólo se fija en la estética, en gastarse el menor dinero posible en cosas que no sean alcohol, y en aparentar. Incluso los he visto alguna vez comprar a los vendedores ambulantes que se ponen en las grandes ciudades y en las zonas costeras con imitaciones de ‘megamarcas’. Os lo prometo.

 

Sueño con que algún día se vuelva a confiar en los pequeños comerciantes y el mercado les permita competir, aunque sea de lejos, con los grandes.

Sueño con que la gente empiece a valorar las cosas que realmente tienen valor.

Y como sueño tanto, os dejaré una frase que me dejó el gran Manuel para seguir haciéndolo:

 

 

“El mejor material del que puede estar hecho algo es de corazón. Si algo no funciona a pesar de haberlo intentado incansablemente, es que la vida te está guardando algo mucho mejor”

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Algunos prefieren disfrutar por encima de todo el mundo, yo prefiero que disfruten los demás.

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