La chica de Covadonga

He de comenzar mi primera entrada (y ya adelanto que no será la última) diciendo que para nada soy un romántico, ni mucho menos. Posiblemente soy de esas pocas personas que cuya única “novia” consta de los primeros años en el colegio cuando los amores duraban dos o tres días (de ahí las comillas) y que no se ha comido un rosco en lo que al amor se refiere en esta vida.